Pero la nostalgia es algo que no puedo evitar. Esa sensación de haber sido una mujer plena, de haber sabido claramente hacia dónde ir y cómo y cuándo, de haber contado con las personas precisas en los minutos correctos, de haber vivido cada segundo con la conciencia de que la vida es más que un montón de meses y días y años. A veces, como ahora, la nostalgia es mi única certeza.
viernes, 26 de febrero de 2010
nostálgica
La nostalgia es una cosa muy tonta. Hace que uno crea que en otro lugar, en otro momento y con otras personas, fue inmensamente feliz. La nostalgia convierte a todos los ex en santos, a todos los tiempos pasados en mejores y a todos los trabajos antiguos en paradigmas del paraíso laboral. Y claro, como la nostalgia se basa en la memoria, no se puede decir que sus cimientos sean muy firmes.
martes, 23 de febrero de 2010
tranquila
Sé que estoy bien cuando vuelvo a cantar en la calle. Sé que estoy bien cuando me río más de lo que me enojo, cuando miro más la ventana que la pantalla del computador, cuando despierto con sueño pero sin pena, cuando repito las canciones que me recuerdan a Jorge y me siento la mujer más afortunada del mundo.
Por eso después de varias semanas a media marcha, agradezco al cielo que me haya devuelto la calma. Nadie que no haya vivido desde la angustia sabe lo maravilloso que puede ser vivir desde la paz.
martes, 16 de febrero de 2010
ansiosa
Desde que tengo recuerdos, soy ansiosa. Es parte de mi naturaleza. No es que importe tanto lo que vaya a pasar. Lo que me importa es saber que va a pasar. Y cuándo. Y cómo. Y dónde. Me angustia el poco control que tenemos sobre la vida, lo poco que realmente decidimos la cotidianeidad. Quizá sea el miedo a lo desconocido, o la certeza de que hay mucho más de lo que podemos ver y sentir. Quizá sea sólo que no me acostumbro al mundo, que siempre me he sentido un poco fuera de lugar, un poco fuera de todo.
Entonces cuando ayer llegué a ver al doctor que me predicó durante media hora porque era cristiano y me dijo que me duele la cabeza porque estoy muy tensa, no dudé un segundo que tenía razón. Claro. Es cierto que lo que va del año ha sido mil veces más tranquilo que el año pasado, pero eso no quiere decir que sea lo suficientemente tranquilo para mí. Necesito calmar mi mente, mis ideas, dejar de pensar un segundo en hoy y mañana y ayer, necesito descansar. Pero descansar de verdad. Nada de celulares ni computadores ni series de televisión. Un fin de semana de silencio. A ver si lo consigo.
viernes, 12 de febrero de 2010
mareada
Acaba de temblar justo el día en que amanecí ultra mareada. No sé por qué, pero ando con la sensación de que mientras camino todo se mueve. Y por eso me vine a trabajar pensando en que si por algún motivo pierdo la memoria, debería tener escrito todo lo que me ha pasado para poder reconstruir la historia de mi vida. O quizás no, pensé después. Quizá sería la oportunidad de recordar sólo algunas cosas, de retomar los mejores momentos y crear un presente distinto.
Pero no me gustaría recordar sólo lo bueno. Creo que nos construimos a través de las experiencias, de todas. Por eso tendría que dejar escrito que he caminado bajo la lluvia sin zapatos, que soy vegetariana hace cuatro años, que mi papá me abandonó hace 12, que me iba a casar y no me casé, que cuando chica me gustaba jugar Atari y tenía una bicicleta rosada, que he pololeado varias veces pero ahora estoy enamorada como nunca, que me cambio de casa más de una vez por año, que me fascinan los chocolates y las tortas tres leches, que amo leer y hacer yoga y mirar el mar, que pasé mi infancia sola, que tengo un TOC, que me dan miedo los asesinos, que conozco la felicidad y el dolor y la paz.
Si por algún motivo, en algún momento, pierdo la memoria, no quiero olvidar quien soy.
martes, 9 de febrero de 2010
peloláis
Me dan risa las peloláis. Venía pensando eso en la micro, después de que el sábado lo comentamos mucho rato con mi prima en una comida familiar. Es que debe ser la tribu urbana que tiene menos tasa de superación de su condición adolescente. Si una peloláis de quince años pregunta de qué colegio eres, tiene cierto sentido. Pero el asunto es que a los cuarenta te siguen preguntando lo mismo. Y ahora que el gabinete está poblado de ellas... no sé qué va a ser de nosotros.
Quizá nos obliguen a usar aritos de perla, a comer manzanas verdes la hora de almuerzo, a veranear en Cachagua y en Zapallar para siempre, a decir pollera en vez de falda, anteojos en vez de lentes y té en vez de once. Quizá decidan cambiarle el nombre a La Moneda por algo un poco más internacional - ¿The Coin? - y poner para trabajar los mismos códigos de vestimenta que usan para jugar golf. Quizá de ahora en adelante todas las mujeres tengamos que estudiar servicio doméstico en la Universidad de Los Andes, y terminemos comprando ropa en el Portal La Dehesa y descubriendo que los solarium son la verdadera fuente de la felicidad. Sólo espero que el surrealismo de esta realidad alternativa se acabe algún día.
lunes, 8 de febrero de 2010
enamorada
Quiero escribir sobre ti, y no sé cómo. Quiero que sepas que eres por tu forma de ser conmigo lo que más quiero. Que tal vez debí pero no pude decir que no, si te calaste hasta en mis huesos. Que me enamoro de ti, de como eres. Quiero decirte que aunque no lo creo todavía, estás llegando a mi lado, y la vida es un puñado de estrellas y de alegría.
Quiero decirte que tu presencia no la cambio por ninguna. Que de esto está hecha de la vida, sólo de momentos. Que eres mi amor de pasión y por eso es que a otro yo no le pude dar el sí. Que existes dondequiera, pero existes mejor donde te quiero. Que sé que vas a quererme sin preguntas y voy a quererte sin respuestas. Que sepas que no vivo un segundo para decirte que sin ti muero.
Y le robo letras a las canciones y frases a las poesías, busco las palabras precisas, los momentos perfectos, el fin de semana construyendo una bodega, el silencio de la noche, un abrazo en la moto, los sueños y el futuro que ya no es lejano, que ya no me asusta, que sólo hace que quiera quedarme contigo siempre. Me haces tan feliz.
miércoles, 3 de febrero de 2010
molesta
Yo sé que en general no le caigo bien a la gente. No tengo claro por qué, y supongo que prefiero no saberlo, sobre todo porque esto es lo más cercana a mí que he logrado estar en la vida y no tengo intención de perderme para tener a los demás. Claro que existen momentos en que me gustaría ser más querida. Más querible quizá. Como hace un par de años, cuando era toda una señorita calladita y educada, que no tenía opinión, que no levantaba la voz, que se escondía a llorar sola para no molestar a nadie.
Pero hoy no. Hoy soy quien soy, es mi única certeza. Y no puedo pretender gustarle a todo el mundo. Me basta con ser de verdad. Me basta con no tener nada que esconder, ni por lo que venderme, ni por lo que avergonzarme. Me basta con la conciencia de que vale más una palabra sincera que mil sonrisas cínicas. Me basta con el orgullo de haberme atrevido a vivir.
martes, 2 de febrero de 2010
sencilla
Me carga la parafernalia. No comparto el concepto de las cosas que son de cierta manera porque así deben ser, para encajar en cierto modelo obsoleto del mundo real. Por ejemplo, los matrimonios demasiado producidos donde la mitad de los invitados son un compromiso, la ropa de marca con la marca bien grande y que se vea, los autos que cuestan lo mismo que una casa, la tecnología de moda que te convierte en objeto de admiración.
Por eso quiero que, cuando me case, sea con el pelo suelto y zapatillas, en algún lugar con sol. Que todos mis años nuevos los pase viendo fuegos artificiales en la calle y abrazando a Jorge. Que comer marraquetas con mantequilla siempre sea mejor que comer caviar. Quiero que el futuro no me cambie, que los años y las historias no me conviertan nunca en lo que no soy. Que aunque el sistema me guste a veces, no me atrape nunca. Que la libertad siempre sea mi verdadera motivación. Que no se me olvide que para llegar a hoy, tuve que pasar por ayer. Creo que eso es importante.
lunes, 1 de febrero de 2010
asalariada
La gente que no ha trabajado freelance, no sabe lo maravilloso que puede ser un contrato. Y eso que yo nunca pensé que lo fuera a querer. Al contrario. Me encantaba la idea de disponer de mi tiempo como y cuando quisiera y de dedicarme a algo que me gustara de verdad más allá de si me daba o no un sueldo estable. Pero después de varios años saltando de una empresa independiente a otra, pagando mi propia isapre y sin posibilidades de ahorrar un peso, agradezco infinitamente haber llegado a donde estoy ahora.
Tengo un cargo claro, un contrato indefinido y un escritorio propio. Tengo horario de entrada y de salida, todos los fines de semana libres (¡todos!), y un celular que paga la empresa. Tengo metas, objetivos, y proyecciones. Es verdad que no trabajo de periodista, pero tampoco me piden que sea multifuncional, ni que vaya en micro a las reuniones, ni que use zapatos de taco. Me encanta. Y doy gracias al sistema por primera vez en la vida, porque hoy, desde acá, mi futuro laboral se ve un poco más brillante.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

