Tener un Trastorno Obsesivo Compulsivo tiene pros y contras. Entres los pros, mi preferido es que no existen las cosas buenas. En su lugar, existen las cosas maravillosas, increíbles, alucinantes y perfectas. Si una canción me gusta, la puedo escuchar todo el día sin cansarme. Me puedo aprender los diálogos de las películas, las poesías y los libros de memoria. Entre los contras, en cambio, me cuesta un poco elegir cuál me resulta peor. Si las noches de insomnio y pesadillas que parecen tan reales, si las mil maneras de intentar superarlo que no sirven para nada, si la soledad profunda y la certeza de que a nadie le importa mucho porque nadie lo entiende si es que no lo vive.
Es que yo sé que el TOC no es una enfermedad que genere empatía. Al contrario, sé que puede resultar divertido escuchar cómo alguien se imagina que mientras espera el Metro le van a disparar con una metralleta, o que el señor que está sacando su celular del bolsillo en realidad quiere sacar una pistola, o que cada vez que cruza la calle siente cómo el auto que se acerca lo va a mandar de un solo golpe a la vida eterna.
De cualquier forma espero con ansias el momento en que pueda sentirme a salvo. Quizá para mí la felicidad no es más que eso.