jueves, 28 de enero de 2010

perna

Siempre he sido perna. Es mi esencia. Me gusta cantar, jugar sudoku, y hacer puzzles. Odio las discotheques, bailar con gente que no conozco y el maquillaje. Soy perna porque quedarme en mi casa viendo series por internet es un excelente panorama, porque aunque me ponga toda la ropa de moda junta siempre parece que me hubiera querido disfrazar, porque me fascinan las canciones mamonas y los príncipes azules de los cuentos, y porque cada vez que encuentro un libro que me guste no puedo dormir hasta que lo termino.

A mis 25 años, me doy cuenta de que ya no voy a cambiar. De que ya no cambié, en realidad. Después de haber pasado gran parte de mi época escolar y universitaria tratando de encajar, ahora simplemente me asumo. Y pienso que está bien, porque la gente perna me gusta. Y porque miro mi vida, y no me arrepiento de nada. Ni de mis años en el coro de la iglesia, ni de mis recreos en la biblioteca, ni de mis carretes sin alcohol, ni de mis amores platónicos, ni de mis diarios de vida. Hoy miro atrás y siento que he sido consecuente. Eso me hace feliz.

miércoles, 27 de enero de 2010

nueva

Siempre he pensado que las entrevistas de trabajo son como los castings. Y no porque la vida sea una pasarela, sino porque tienen esa cuota de exhibicionismo, de cuánto contar de la vida, de cómo vestirse y qué palabras usar, que las convierten - casi - en un escenario público para la privacidad.
Como salir en la tele.

Por eso hoy, mientras esperaba la micro para venir a trabajar después de dos meses haciendo casi nada, me di cuenta de que si ahora tengo oficina es porque quedé en el casting. Pasé. Igual que los niños que quieren ir a bailar a Yingo, pero en una versión adulta y mejorada, con BB y escritorio blanco incluidos. Sólo espero que mi fama dure más de 15 minutos.