viernes, 23 de julio de 2010

informada

Internet no permite borrar los recuerdos. De repente aparece alguna foto, algún video, algún expololo que te envía una invitación para ser tu amigo. Y en mi caso, a pesar de que siempre he querido mantener mi historia viva y vigente, me parece que puede ser demasiada información.

Igual yo sé que es mi culpa. Tuve un Fotolog que actualizaba casi a diario y que nunca he querido cerrar. Tuve mi primer blog y me pasaba los días pensando en cómo contar mejor lo que me pasaba. Tengo Facebook y Twitter y aunque cada vez escribo menos, nunca dejo de leer lo que les pasa a los demás. Así me entero de quién se casó, quién tuvo hijos, quién anda de viaje, quién está cesante, o feliz, o separado. Miro fotos de gente que no conozco y me siento un poco sicópata pero es inevitable. Me encanta.

Y aunque ya casi nunca siento nostalgia de nada es tan loco ver cómo cambia la vida.
Eso.

viernes, 9 de julio de 2010

callada

Antes escribía siempre. Me gustaba contarlo todo. Se trataba de una catarsis constante de miles de emociones. Escribía porque estaba triste, porque estaba contenta, porque empezaba el otoño y el invierno, porque había escuchado una canción nueva y mala, porque Santiago estaba nublado, porque andaba de viaje. Escribía por cualquier cosa.

Ahora no.

Desde hace más de un año, me cuesta escribir. Me paso pensando en frases perfectas, claro, soñando con que ahora sí publico un libro, creando personajes que siempre son versiones diferentes de mí misma y quizá lo que pasa es que tengo que dejar de ser tan egocéntrica. Saber que a nadie le interesa demasiado mi vida como para que yo eche de menos andarla publicando por ahí. Qué será. La inspiración, la soledad, la ansiedad, el misterio. Será la paz. La nostalgia. El miedo.

Algo me deja en silencio. Sin letras. Con nada.