viernes, 10 de septiembre de 2010

reflexiva

Pienso que todos compartimos el mismo mundo y lo vivimos de tantas maneras distintas.

Porque claro, yo estoy acá sentada frente al computador de la oficina, escuchando a Zalo Reyes y escribiendo mi blog. Y en este mismo momento hay 33 mineros bajo tierra hace más de un mes, mujeres que acaban de enterarse de que están embarazadas, hombres que encontraron o perdieron un trabajo, niños solos en sus casas, comiendo pan con mantequilla, viendo tele, corriendo tras una pelota de fútbol en la calle.

Cada persona, en cada lugar, está viendo, pensando, sintiendo, percibiendo, algo totalmente distinto. En este momento hay personas que nacen. Personas que mueren. Personas que se enamoran, que lloran, que se abrazan, que comen, que gritan. Son tantos universos en uno solo, porque es el mismo mundo al final, porque la tierra es la misma, y el cielo, y el mar.

Me encanta sentir que somos todos y somos uno.

jueves, 19 de agosto de 2010

atemporal

Siempre he estado convencida de que el tiempo no existe. De que no vivimos más que un constante y eterno presente. De que no hay cómo saber si todo lo que creemos que recordamos es verdad o sólo un montón de ilusiones.

Por mi parte, miro al pasado como si estuviera viendo una película. Todo me parece irreal. Absurdo. Como si no hubiera sido yo nunca hasta ahora, recién. Como si no hubiera vivido nada más que esto. Como si cada día fuera una vida completa. Escribo el mismo libro hace meses y cada vez que lo retomo me parece distinto. Es loco entender que las personas que no veo, que para mí ya no existen, siguen viviendo a su ritmo, sus historias.

Me cuesta la idea de un mundo compartido que es distinto para todos.

viernes, 23 de julio de 2010

informada

Internet no permite borrar los recuerdos. De repente aparece alguna foto, algún video, algún expololo que te envía una invitación para ser tu amigo. Y en mi caso, a pesar de que siempre he querido mantener mi historia viva y vigente, me parece que puede ser demasiada información.

Igual yo sé que es mi culpa. Tuve un Fotolog que actualizaba casi a diario y que nunca he querido cerrar. Tuve mi primer blog y me pasaba los días pensando en cómo contar mejor lo que me pasaba. Tengo Facebook y Twitter y aunque cada vez escribo menos, nunca dejo de leer lo que les pasa a los demás. Así me entero de quién se casó, quién tuvo hijos, quién anda de viaje, quién está cesante, o feliz, o separado. Miro fotos de gente que no conozco y me siento un poco sicópata pero es inevitable. Me encanta.

Y aunque ya casi nunca siento nostalgia de nada es tan loco ver cómo cambia la vida.
Eso.

viernes, 9 de julio de 2010

callada

Antes escribía siempre. Me gustaba contarlo todo. Se trataba de una catarsis constante de miles de emociones. Escribía porque estaba triste, porque estaba contenta, porque empezaba el otoño y el invierno, porque había escuchado una canción nueva y mala, porque Santiago estaba nublado, porque andaba de viaje. Escribía por cualquier cosa.

Ahora no.

Desde hace más de un año, me cuesta escribir. Me paso pensando en frases perfectas, claro, soñando con que ahora sí publico un libro, creando personajes que siempre son versiones diferentes de mí misma y quizá lo que pasa es que tengo que dejar de ser tan egocéntrica. Saber que a nadie le interesa demasiado mi vida como para que yo eche de menos andarla publicando por ahí. Qué será. La inspiración, la soledad, la ansiedad, el misterio. Será la paz. La nostalgia. El miedo.

Algo me deja en silencio. Sin letras. Con nada.

domingo, 23 de mayo de 2010

inconformista

Por algún motivo, para mí nunca nada es suficiente. Es como si toda mi vida la fuera a pasar buscando algo más. O algo completamente distinto, todas las veces, cada vez.

Quizá por eso antes de conocer a Jorge pololeé con un bioquímico, un locutor de radio, un milico, un supervisor de Starbucks, un ingeniero y un gurú espiritual. Quizá por eso mi experiencia laboral va desde haber vendido sopaipillas en el Estadio Nacional y limpiado baños públicos hasta haber publicado en la portada de El Mercurio y haber traducido un libro de cine. Quizá por eso sé lo que es salir en televisión, construir mediaguas, hacer clases, cantar en matrimonios y leer el tarot. Quizá por eso estuve a punto de casarme y no lo hice, he vivido en cinco casas distintas en los últimos cuatro años y mi trabajo más estable en los últimos dos ha sido éste, donde acabo de cumplir cuatro meses.

Lo bueno es que Jorge me encanta cada vez más. Lo malo es que es lo único de mi vida que me encanta ahora. ¿Se vendrán cambios de nuevo? ¿O me tendré que acostumbrar en algún momento a que el universo no existe sólo para cumplir mis sueños?

viernes, 30 de abril de 2010

libre

Me siento frente al computador, en la oficina, y pienso que la vida me ha tratado bien. Que han sido veinticinco años de encuentros y desencuentros y esperanzas y lágrimas, pero sobre todo que han sido veinticinco años en que he descubierto cómo se siente estar viva.

Miro mi historia. Pienso. Y, por primera vez, no siento ni una gota de nostalgia. Tengo la certeza de que mi tiempo es ahora. No el año pasado, ni cuando era chica, ni en mis romances de universidad. Ahora. Hoy, que hace frío y tengo el pelo tomado. Que escucho canciones alegres y escribo sin pensar. Que siento el corazón corriendo de tanto amor, de tantos sueños, de tanta esperanza.

Doy gracias por los momentos de lucidez en que recuerdo que soy libre.

jueves, 8 de abril de 2010

obsesiva-compulsiva

Tener un Trastorno Obsesivo Compulsivo tiene pros y contras. Entres los pros, mi preferido es que no existen las cosas buenas. En su lugar, existen las cosas maravillosas, increíbles, alucinantes y perfectas. Si una canción me gusta, la puedo escuchar todo el día sin cansarme. Me puedo aprender los diálogos de las películas, las poesías y los libros de memoria. Entre los contras, en cambio, me cuesta un poco elegir cuál me resulta peor. Si las noches de insomnio y pesadillas que parecen tan reales, si las mil maneras de intentar superarlo que no sirven para nada, si la soledad profunda y la certeza de que a nadie le importa mucho porque nadie lo entiende si es que no lo vive.

Es que yo sé que el TOC no es una enfermedad que genere empatía. Al contrario, sé que puede resultar divertido escuchar cómo alguien se imagina que mientras espera el Metro le van a disparar con una metralleta, o que el señor que está sacando su celular del bolsillo en realidad quiere sacar una pistola, o que cada vez que cruza la calle siente cómo el auto que se acerca lo va a mandar de un solo golpe a la vida eterna.

De cualquier forma espero con ansias el momento en que pueda sentirme a salvo. Quizá para mí la felicidad no es más que eso.