jueves, 25 de marzo de 2010

santiaguina

Nacida y criada en Santiago, esto es lo único que conozco. No me puedo imaginar cómo sería la vida sin montones de micros, sin el metro lleno de gente, sin los tacos interminables en las calles. No sé lo que es andar sin andar apurado. No sé cómo se siente vivir siempre con lluvia, ni bajo el sol eterno, ni en las montañas, ni en la playa, ni en el bosque.

Me encantaría probar la vida en otra parte. Dejar las veredas pavimentadas y los parques con maicillo, las bocinas, los relojes, las luces, el smog y las oficinas de Santiago y cambiarlas por el silencio y las estrellas de casi cualquier otra ciudad de Chile. Me encantaría vivir bien al sur y envolverme en chalecos de lana frente a una chimenea, o bien al norte, cerca del desierto, y enamorarme de todos los días llenos de sol. Y eso que siempre me gustó mi ciudad. Me gustaban los edificios altos y los semáforos, y la gente. Me gustaba Plaza Italia, el parque Forestal, el paseo Huérfanos, Patronato, el Bellas Artes, República y Providencia. Me gustaban las calles llenas, las micros amarillas, los pokemones que hacen fila afuera de los canales de televisión. Me gustaban también las cámaras y las luces, el ruido, los eventos, el glamour.

Pero ya no. Ahora lo que me gusta es el silencio, la calma, la paz. Me gusta llegar a la casa de Jorge y ponerme pantuflas y ver con él programas malos en la tele. Me gusta caminar sin rumbo, escuchar la lluvia, dejar que el tiempo pase. Creo que Santiago ya no es mi ciudad.

Como siempre, todo queda en manos del universo.
Será cuando tenga que ser.

jueves, 18 de marzo de 2010

sola

A veces me siento sola. A veces es como si toda mi vida no hubiera sido más que un encanto y desencanto después de otro, como si toda la gente que aparece y desaparece hubiera sido ilusoria, parte del pasado, de un sueño (o una pesadilla), como si nada de lo que he creído lograr lo hubiera logrado de verdad.

A veces siento un vacío en el pecho, me lleno de suspiros y respiro profundo, por si así se me pasa. Me trago las lágrimas, como cuando era chica y me escondía para que nadie me viera llorar. Y sé que no tengo ningún motivo para tanta pena que se me agolpa en la garganta, que no deja que me concentre, que me hace andar caminando como a ciegas, como sin rumbo, como en un silencio absoluto y lleno de sombras.

lunes, 15 de marzo de 2010

dispersa

Ando como sin ideas. Trato de escribir y me cuesta. Me desconcentro. Termino pensando en cualquier cosa, dispersa, mirando el cielo que se ve gris de tanto smog, leyendo los posts de mi blog antiguo, tomando agüita del carmen y bostezando otra vez frente a la pantalla del computador.

Tengo ganas de salir. No quiero más aire acondicionado, ni más correos, ni más cortes de luz, ni más temblores. Necesito despejar mi mente. La tecnología me tiene al borde del colapso.

martes, 2 de marzo de 2010

agobiada

El terremoto me tiene sobrecogida. No puedo decir que me tiene enojada, ni asustada, ni que prima en mí esa sensación de impotencia que sienten muchas personas. Pero estoy agobiada con tantas noticias, con tantas historias terribles, con tanta gente desaparecida y muerta y sin agua ni comida. Me agobia la sensación de que en el fondo no somos buenos ni solidarios, de que no tenemos capacidad de mirar más allá de nosotros mismos. Me agobian las imágenes de las calles destrozadas, de las casas en el mar, de los supermercados saqueados. Ando con la guata apretada y un nudo constante en la garganta. Me siento un poco desamparada, y eso que no tuve daños personales de ningún tipo. Pero no sé. Es como si el terremoto me hubiera revuelto el alma.