Quizá nos obliguen a usar aritos de perla, a comer manzanas verdes la hora de almuerzo, a veranear en Cachagua y en Zapallar para siempre, a decir pollera en vez de falda, anteojos en vez de lentes y té en vez de once. Quizá decidan cambiarle el nombre a La Moneda por algo un poco más internacional - ¿The Coin? - y poner para trabajar los mismos códigos de vestimenta que usan para jugar golf. Quizá de ahora en adelante todas las mujeres tengamos que estudiar servicio doméstico en la Universidad de Los Andes, y terminemos comprando ropa en el Portal La Dehesa y descubriendo que los solarium son la verdadera fuente de la felicidad. Sólo espero que el surrealismo de esta realidad alternativa se acabe algún día.
martes, 9 de febrero de 2010
peloláis
Me dan risa las peloláis. Venía pensando eso en la micro, después de que el sábado lo comentamos mucho rato con mi prima en una comida familiar. Es que debe ser la tribu urbana que tiene menos tasa de superación de su condición adolescente. Si una peloláis de quince años pregunta de qué colegio eres, tiene cierto sentido. Pero el asunto es que a los cuarenta te siguen preguntando lo mismo. Y ahora que el gabinete está poblado de ellas... no sé qué va a ser de nosotros.
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